Es seguramente despertar a las 5 de la mañana los fines de semana, es cortar la fiesta del día previo, es experimentar el calor y el frío como en ninguna otra circunstancia, es sentir las pantorrillas arder, es el mareo que acompaña una ascenso continuo, el pinchazo en las rodillas que me hace preguntar si se convertirá en dolor, es sentir el sabor a sangre en la boca; es dar miles de zancadas sin razón aparente, es repasar tantas o tan pocas ideas en el transcurso de los kilómetros, es ver un punto lejano y encontrar satisfacción en la idea de alcanzarlo, es ver como mi pequeño mundo crece a cada paso; pero sobre todo, es sentir como la vida me atraviesa, se queda en mí y me llena de pasión.
Correr me ha dado la oportunidad de recobrar la sensibilidad que dejaba ir, fortalecer mi carácter, apreciar lo sencillo, y valorar lo que tengo. Tal vez no sea el hecho de correr y solo sea el haber adoptado una pasión, ¡qué mas da, correr es lo mío!